Guía práctica para afrontar la infidelidad de la pareja

La fidelidad no es ausencia de deseo (nadie puede asegurar que nunca le gustará nadie más), sino producto de la voluntad y una decisión consciente. En otras palabras: la fidelidad es autocontrol y evitación a tiempo. Cuando sospechamos que alguien puede llegar a gustarnos de verdad (en el sentido de movernos el piso) o cuando sentimos el primer pinchazo de la atracción y no queremos ser infieles, la mejor opción es alejarnos de la tentación y no jugar con fuego. Como veremos en esta guía, resulta paradójico que sean precisamente las personas que se perciben a sí mismas como radicalmente “incorruptibles” las que más probabilidades tienen de enredarse en amores clandestinos. ¿La razón? Estas personas “bajan la guardia” y creen que el amor los volverá inmunes a que eros los ataque por algún flanco, y no es así, como veremos: con el amor no basta.

Las estadísticas dan un margen de seguridad y esperanza a los que creen en la fidelidad: poco más del 40 % de las personas son fieles. La pregunta que surge es la siguiente: ¿qué atributo poseen estos individuos que no caen, a pesar de las tentaciones y los cantos de sirena? ¿Cuál es la virtud que ostentan los que logran mantenerse dentro del ámbito de la lealtad? ¿De dónde sacan tanto “valor”? La respuesta puede ser decepcionante para los “amantes” del romanticismo: no poseen nada especial. No son faquires o ascetas entrenados, ni son eunucos. Aunque hay estilos personales y habilidades únicas, estos extraños ejemplares de fidelidad poseen un factor común: permanecen en alerta, han tomado la “decisión” de no dejarse seducir, conocen sus debilidades y saben dónde está el peligro. No son esencialmente inconquistables, sino que han aprendido el complejo arte de esquivar y capotear la atracción inconveniente. Tampoco son santos o promotores de la continencia, son buenos jugadores, gambeteadores profesionales: se acercan a la hoguera, pero no meten la mano. Esto no significa que el amor no importe para no caer en la infidelidad, lo que sostengo es que “amar” no basta para ser fiel.

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